Artículo de Ignacio Bernabé: ¡Desplegando velas!
09/03/2011
Son ya más de 3 años de crisis y sin haber caído en la parálisis por el análisis creo que en términos generales aún no hemos cambiado en lo fundamental: nuestra actitud hacia ella. Como suelo decir lo que nos diferencia a unos de otros, también organizacionalmente hablando, no son los hechos sino las actitudes con las que los afrontamos.
Parece como si en este entorno que califico de oceánico, todavía navegáramos sin rumbo fijo esperando que un día u otro el temporal amaine. Parece que en demasiados casos no importe tanto la dirección ni el modo en el que nos movemos como mantenerse a flote. Y lo peor de ello es que ya se está convirtiendo en una costumbre, en un hábito. Despues de todo este tiempo limitarnos a querer sobrevivir o asumir la realidad desde el conformismo no es ni mucho menos lo más acertado. Entre otras cosas porque sólo cuando nos revelamos ante ella, es cuando desplegamos toda nuestra imaginación y todos nuestros talentos. En el IVAFE ya lo avanzábamos en 2008: sobrevivir a la crisis no debe ser en sí el objetivo, debemos superarla con expectativas de futuro. Sólo manteniéndonos con la cabeza fría y con la mirada puesta en el horizonte podremos salir de esta situación con expectativas de competitividad y sostenibilidad. Nuestro futuro y el de nuestros hijos, depende de la inteligencia y el coraje con el que afrontemos esta realidad que sea como sea nos ha tocado vivir.
Lo cierto es que la situación económica en España sigue sin mejorar. La contracción del consumo doméstico, la reducción de la inversión empresarial, la desaceleración de las transaciones con el mercado exterior y lo caótico del desempleo entre otros muchos factores, que unidos a los dos grandes males que padecemos respecto al déficit de liderazgo y a la baja productividad, junto con la inestabilidad y el empeoramiento de la coyuntura tanto española como internacional, nos indican que el nivel de incertidumbre será creciente y que salvo ligeras o puntuales mejorías nada sustancial va a cambiar.
Y es que hemos creado un contexto global de tan especiales características que seguirá siendo así al menos por muchos años. Pero lejos de acomplejarnos esto no debe ser sino un reto. Un aliciente, un revulsivo que nos haga afrontar el futuro con ilusión y desde una nueva perspectiva. Las políticas más o menos acertadas que se puedan poner en marcha, darán sus frutos con el tiempo. Pero mientras tanto personas y organizaciones debemos actuar con máyor decisión porque el coste de no hacerlo es demasiado elevado. La inteligencia y la voluntad del ser humano, unidas al dinamismo y a la capacidad de reinvención de las empresas son los elementos que necesitamos para pasar de mantenernos a flote, a navegar a toda vela aún en las peores circunstancias.
Debemos creer más en nosotros mismos y en las capacidades de nuestra gente. En el potencial increíble que tenemos aún por poner en valor. En el valor que tenemos como personas y en el aumento exponencial que hacemos de él cuando somos parte de un auténtico equipo. Autodescubrirnos para creer. Creer para crear y para crecer en un nuevo paradigma. Si queremos algo más que sobrevivir, no tenemos más remedio que adaptarnos al medio y remar todos juntos en la misma dirección. O mejor aún, reinventar nuestras naves dotándolas de grandes velas para aprovechar esas oportunidades, que como los buenos vientos siempre terminan por aparecer. Necesitamos implicarnos todos desde la confianza, la determinación, la ilusión y el compromiso, para transformar nuestras empresas y vivir nuestras vidas con pasión. El entorno no cambiará, pero si lo hacemos nosotros encontraremos en él una nueva realidad. Convertir nuestros barcos a la deriva en potentes veleros está en nuestras propias manos, porque hoy más que nunca la alta competitividad no debemos buscarla en el olimpo de los dioses, sino en la fe en las personas.
Por Ignacio Bernabé. Presidente del IVAFE. Experto en Gestión y Desarrollo de Personas y Organizaciones
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